martes, 17 de octubre de 2017

¡¡¡LOS PREMIOS DE LA VERGUENZA!!!




Hace cinco años ya que las trabajadoras y trabajadores de Asturies comenzamos las movilizaciones aprovechando la repercusión internacional que tienen los Premios Princesa (antes Príncipe) de Asturias. En 2012 fueron la Asamblea de Trabajadores Públicos y la Junta de Personal Funcionario quienes convocaban a las empleadas y empleados públicos a manifestar públicamente su repulsa ante el ataque que estaban sufriendo tanto nuestros derechos como el servicio público en sí.
A partir de entonces distintos colectivos en problemas laborales y sociales cogieron el testigo e impulsaron una convocatoria que, un año tras otro, intenta ser neutralizada desde Delegación del Gobierno mediante triquiñuelas como alejar o arrinconar la concentración lo más posible; los tribunales siempre dan la razón a los convocantes, puesto que la libertad de expresión es un derecho que está por encima de otras cuestiones. A pesar de lo cual, y sin razón legal alguna, se nos sigue apartando y alejando mediante el simple empuje policial.
Cada año se repite el debate sobre el daño que la protesta pueda suponer para el supuesto prestigio de las personas premiadas. Y cada año repetimos lo mismo: en muchísimas ocasiones nada tenemos en contra de esas personas (¿quién no tuvo algunas de sus mejores experiencias de risa y disfrute viendo o escuchando a Les Luthiers?). No es ese el problema.
Nuestra protesta va contra la propia Fundación Princesa, en cuyo patronato están las grandes fortunas de este país, algunos de los más directos responsables de la crisis económica, los desahucios de familias, la estafa eléctrica, los recortes de servicios públicos y la deslocalización de industrias españolas. El empresario Villar-Mir, imputado por el caso Lezo y cuyos sobornos al PP están recogidos en los
llamados Papeles de Bárcenas; Sol Daurella, dueña de la embotelladora de Coca-Cola, que cerró su planta en Asturies pese a tener beneficios; Fernando Masaveu, evasor fiscal que figura en la lista Falciani, y un largo etcétera de integrantes de la oligarquía que hacen de esta institución la Corte del IBEX 35.
Pero además, este año tenemos entre los premiados un ejemplo evidente de lo necesaria que es la contestación social: la entrega del premio a la Concordia a la UE. Una UE que está permitiendo y promoviendo un genocidio a sus puertas.

El análisis de las medidas tomadas por la UE para con las víctimas de las guerras, la miseria provocada en la mayoría de los casos por las políticas del FMI, etc, exige la retirada y el total rechazo al Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la UE. Este premio, se concede a quienes desarrollen una labor que “contribuya, de manera extraordinaria y a nivel internacional, a la defensa y generalización de los derechos humanos, al fomento y protección de la paz, de la libertad, de la solidaridad, del patrimonio mundial y, en general, al progreso de la humanidad”.

En cambio, esta es la realidad:
•65 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, huyendo de sus países en guerra, ante una Europa que no resuelve sino que favorece dichos conflictos fabricando y vendiendo armas.
•El Mar Mediterráneo y las fronteras europeas son fosas comunes donde miles de personas pierden sus vidas por culpa de los gobiernos europeos que les niegan sus derechos impidiéndoles entrar por las fronteras, incumpliendo la legislación internacional.
•Violentas acciones policiales y militares contra las personas que piden refugio en las fronteras.
•Desaparición de al menos 10.000 menores en territorio europeo a manos de las redes de trata o las violencias basadas en el género a mujeres y niñas.
•Más de 72.000 personas permanecen atrapadas debido al cierre de fronteras con vallas de alambrado y la lentitud por parte de los gobiernos para cumplir con las obligaciones de dar asilo y refugio a los que tienen derecho a él.

Premiar a la UE es premiar al verdugo, es una absoluta vergüenza. De los millones de personas refugiadas de guerras, miseria inducida, cambio climático, persecución por ideas u opciones sexuales, que huyeron para salvar sus vidas, los Gobiernos miembros de la UE hace dos años acordaron, que sólo dejarían entrar a 160.000. Tampoco lo han cumplido, España sólo ha dejado pasar a 1.980 personas.
Esta es la Concordia de la UE a la que premia una Fundación dirigida por la oligarquía y representada públicamente por un Rey que negocia con los culpables de la miseria, el terrorismo y la deshumanización.
Nos parece una provocación hacer esta distinción a la institución que pone alambradas y cierra fronteras, que impone reformas laborales, recortes de servicios públicos y asfixia a los pueblos para pagar la deuda. Por eso este año la voz del pueblo tiene que sonar más fuerte que nunca, todas y todos tenemos que manifestar nuestro rechazo y repulsa a este premio. Nuestro rechazo a una UE que lejos de fomentar la solidaridad de los pueblos, ha creado una Europa desigual, insolidaria y cruel con los pueblos y generosa y sumisa con el capital.
La vergUEnza no merece un premio.
¡Frente a su vergUEnza, nuestra solidaridad!



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